Subscribe Us

header ads

Cordobazo: cuando el pueblo dijo basta


Hace 57 años, el pueblo argentino hizo temblar a una dictadura.

Pero el Cordobazo no fue un rayo en cielo despejado. No fue un hecho aislado ni una simple rebelión estudiantil como muchas veces quieren contarlo. Fue la consecuencia de un país entero que venía acumulando bronca contra la dictadura de Onganía, contra el ajuste, la proscripción y la entrega.

La dictadura había intervenido universidades, perseguido sindicatos, congelado salarios y prohibido toda forma de participación política popular. Y detrás de todo eso seguía pesando una herida abierta desde 1955: el peronismo continuaba proscripto.

Millones de trabajadores no podían votar al movimiento político que sentían propio. Nombrar a Perón podía significar persecución, cárcel o despido. Por eso, durante años, los sindicatos se transformaron en mucho más que organizaciones gremiales: fueron espacios de resistencia política y social del pueblo trabajador.

Mientras los partidos eran perseguidos o limitados, gran parte de la lucha obrera pasó por las organizaciones sindicales. Desde las fábricas, los talleres y los gremios se sostuvo la memoria de los derechos conquistados durante el peronismo y también la pelea contra la dictadura y el ajuste.

En mayo de 1969 la bronca ya recorría toda la Argentina.

En Tucumán, obreros azucareros ocupaban ingenios reclamando salarios adeudados mientras la provincia sufría el cierre de ingenios y una crisis social devastadora. En Corrientes, estudiantes eran reprimidos y asesinados por protestar contra el aumento del comedor universitario. En Rosario crecían las movilizaciones obreras y estudiantiles contra la dictadura.

El Cordobazo nació en ese clima.

Y nació, sobre todo, desde la clase trabajadora.

Uno de los detonantes fue la eliminación del llamado “sábado inglés”, una conquista obrera que permitía trabajar media jornada los sábados cobrando el día completo. La medida existía para reducir la explotación laboral y mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.

La dictadura de Onganía eliminó ese derecho. En la práctica, significaba volver a trabajar más horas por menos salario. Para miles de obreros industriales cordobeses fue una provocación directa.

Los sindicatos combativos de Córdoba —SMATA, Luz y Fuerza, UTA— comenzaron entonces a organizar un paro activo junto a las dos CGT locales. Agustín Tosco, Elpidio Torres y Atilio López fueron algunos de sus principales dirigentes.

Los estudiantes se sumaron masivamente.

Pero el Cordobazo fue una rebelión obrero-estudiantil y popular.

Fue el pueblo trabajador ganando las calles, levantando barricadas, enfrentando a una dictadura que parecía invencible. Fue la Córdoba industrial paralizada. Fue la bronca transformándose en acción colectiva.

La muerte del obrero Máximo Mena terminó de encender la insurrección.

Durante horas, gran parte de Córdoba quedó en manos del pueblo.

La dictadura respondió con el Ejército, represión, persecución y cárcel. Pero algo ya había cambiado para siempre: Onganía dejó de parecer eterno. El miedo había empezado a romperse.

El Cordobazo abrió una etapa de grandes puebladas en toda la Argentina: Rosariazos, Tucumanazos, Mendozazos, Correntinazos. El interior del país se convirtió en protagonista de la resistencia popular.

Y quizás ahí esté una de las enseñanzas más profundas de aquella historia: ningún pueblo soporta para siempre el hambre, la entrega y la humillación.

Cuando el pueblo trabajador y la juventud se encuentran, hasta las dictaduras empiezan a temblar.

Publicar un comentario

0 Comentarios

NARCOCAPITALISMO SERIE COMPLETA