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Cristina Libre. Milagro Libre.


Se cumplió un año desde que Cristina está privada de su libertad, desde que la democracia volvió a verse manchada por los mismos de siempre. Se condenó sin pruebas a una expresidenta de la Nación y actual presidenta del principal partido opositor del país, en el país de la libertad. Qué ironía más cruel.

Esto que sucedió no empezó hace un año. Viene desde 2016, cuando apenas transcurría un mes del gobierno de Mauricio Macri. Allá por Jujuy encarcelaron a Milagro Sala, una de las mayores defensoras de los pobres y de los pueblos originarios que tuvo nuestro país. La encerraron y aún hoy la mantienen presa.

Estos dos casos no son hechos aislados. En primer lugar, las dos son mujeres. En segundo lugar, las dos lucharon por los derechos del pueblo y la defensa irrestricta de los derechos humanos. Las dos denunciaron a civiles involucrados en la última dictadura militar, y eso les costó la libertad.

Milagro denunció hasta el hartazgo a Blaquier, dueño del Ingenio Ledesma, que participó en el secuestro y desaparición de compatriotas durante la Noche del Apagón, prestando vehículos e inmuebles para que los militares cometieran crímenes de lesa humanidad.

Por otro lado, Cristina mantuvo una pelea activa con Magnetto, dueño de Clarín, aquel medio que fue socio de los militares y que se vio beneficiado con el manejo de Papel Prensa, convirtiéndose así en un monopolio de la información durante muchos años.

Lo que comenzó con Macri, que no fue más que la vuelta del poder económico al control del Estado, se intensificó con Milei. Más allá de todos los análisis que puedan hacerse, la realidad es que el poder real está tomando revancha.

Antes utilizaban a los militares. Hoy utilizan a los jueces, los grandes medios de comunicación y la proscripción política. Porque ni Cristina ni Milagro solamente están privadas de su libertad: ambas fueron apartadas de la disputa política por un sistema que castiga a quienes enfrentan determinados intereses de poder.

Los métodos cambian, pero los objetivos siguen siendo los mismos.

La historia argentina puede leerse como una larga disputa entre dos proyectos de país. De un lado, quienes creen que la riqueza que genera nuestra tierra debe servir para garantizar trabajo, educación, salud, soberanía y dignidad para nuestro pueblo. Del otro, quienes entienden que la Argentina es apenas una fuente de negocios, una tierra para saquear recursos y concentrar riqueza en pocas manos.

Ayer fueron los fusiles, los bombardeos, las cárceles, las proscripciones y las dictaduras. Hoy son las operaciones mediáticas, la persecución judicial y el disciplinamiento político. La lucha sigue siendo la misma. Es la eterna lucha entre quienes quieren una patria para todos y quienes sólo la quieren para unos pocos.

Pretenden un país de pocos ricos, llenos de lujos, mientras el resto de la población sobrevive en la pobreza, moviendo toda la maquinaria necesaria para seguir acumulando riqueza y poder.

Sin embargo, la historia también demuestra que el pueblo, tarde o temprano, reacciona y se planta en defensa de la patria.

Esos tiempos no están lejos. La situación se vuelve cada día más insoportable. Por eso hay que organizarse, reconstruir la esperanza y prepararse para levantar nuevamente esta patria.

Cristina Libre.
Milagro Libre.

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