Hace 71 años, el cielo de Buenos Aires se llenó de muerte. Aviones de la Marina bombardearon la Plaza de Mayo con un objetivo claro: derrocar a Perón. Pero las bombas no cayeron sobre un cuartel enemigo ni sobre un ejército extranjero. Cayeron sobre el pueblo argentino.
Trabajadores que salían de sus oficinas, personas que caminaban por el centro, militantes, hombres, mujeres y niños quedaron atrapados bajo las explosiones y las ráfagas de ametralladoras. Más de 300 personas fueron asesinadas y cientos resultaron heridas.
El 16 de junio de 1955 no fue un enfrentamiento entre dos fuerzas militares. Fue una masacre contra civiles. Un hecho que durante mucho tiempo intentó ser minimizado, silenciado o justificado por quienes buscaban borrar de la memoria colectiva el horror de aquella jornada.
Para los peronistas, la fecha marca el comienzo de una larga cadena de persecuciones: la proscripción política, los fusilamientos de José León Suárez, la resistencia peronista, las desapariciones y la violencia ejercida contra quienes defendían un proyecto de justicia social, independencia económica y soberanía política.
Recordar el bombardeo de Plaza de Mayo no es defender la memoria histórica y reafirmar que ninguna diferencia política puede justificar el asesinato de civiles.
Porque un pueblo sin memoria está condenado a repetir sus tragedias.
Memoria, verdad y justicia para las víctimas del 16 de junio de 1955.

0 Comentarios