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La Selección de un pueblo


Se dijo de todo sobre esta Selección Argentina. Hubo quienes intentaron convertirla en el símbolo de una corriente política determinada, incluso vinculándola con la derecha. Una lectura apresurada que desconoce la historia y el verdadero espíritu de este equipo.

Esta Selección es, ante todo, maradoniana.

No porque busque imitar a Diego dentro de la cancha, sino porque expresa aquello que él representó durante toda su vida: el orgullo de vestir la camiseta argentina, la identificación con el pueblo y la convicción de que el fútbol también forma parte de nuestra identidad nacional.

Pero este equipo no nació de un día para el otro. Es el fruto de un proceso construido sobre el legado de Diego Maradona, la sensatez y el liderazgo de Lionel Messi, la inteligencia de un cuerpo técnico que puso al grupo por encima de las individualidades y el aporte de quienes, vistiendo esta misma camiseta, conocieron el dolor de perder finales, pero nunca dejaron de intentarlo. Aquellas derrotas no fueron un fracaso; fueron el aprendizaje sobre el que se edificó esta generación.

Dos finales consecutivas del Mundial, llegando como campeones del mundo y bicampeones de América, no son producto de la casualidad. Son la consecuencia de una idea, de una identidad y de un equipo que jamás perdió el hambre de gloria.

Ese espíritu también quedó reflejado en la semifinal frente a Inglaterra. Después de remontar un partido inolvidable, los jugadores desplegaron una bandera que había bajado desde la tribuna con una frase que recorrió el mundo: "Las Malvinas son argentinas".

Las repercusiones fueron inevitables. Porque ese mensaje trasciende cualquier gobierno y cualquier partido político. La causa Malvinas no pertenece a un sector ideológico; pertenece a la historia, a la memoria y a la soberanía de la Nación Argentina.

Ese gesto remite inevitablemente a Maradona. No por una comparación futbolística, sino porque vuelve a unir la camiseta argentina con una causa nacional que Diego jamás dejó de expresar.

En una Argentina atravesada por profundas dificultades, donde la economía social se deteriora, la soberanía vuelve a discutirse y hasta la independencia económica parece ponerse en cuestión, el fútbol se ha convertido en uno de los pocos espacios capaces de reunir al pueblo detrás de una misma ilusión.

La Selección no resolverá los problemas del país. Ningún equipo de fútbol puede hacerlo. Pero sí puede recordarnos que todavía existen símbolos que nos unen, que la identidad nacional sigue viva y que hay causas capaces de despertar el orgullo colectivo más allá de cualquier diferencia.

La final ya quedó atrás. Como ocurre siempre en el deporte, el resultado ocupará un lugar en las estadísticas. Lo que permanecerá será este proceso, la reconstrucción de una identidad y el ejemplo de un grupo que entendió que representar a la Argentina implica mucho más que jugar bien al fútbol.

Porque los campeones pasan, las generaciones cambian y los resultados terminan siendo parte de la historia. Lo que permanece es la identidad. Ese es el legado de Maradona, la humildad de Messi, el trabajo silencioso de Lionel Scaloni y su cuerpo técnico, y el compromiso de un plantel que comprendió que vestir la celeste y blanca también es abrazar la historia y los sentimientos de su pueblo.

¡Las Malvinas son argentinas y la Patria no se vende!

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