Cristina Fernández de Kirchner volvió a hablar con contundencia ante miles de militantes en el corazón del norte argentino. Lo hizo para respaldar a Martín “Tincho” Ascúa, candidato a gobernador por el peronismo, y dejar un mensaje que trasciende las fronteras provinciales: la lucha por la justicia social, la memoria y el derecho a vivir dignamente sigue en pie.

Desde el escenario montado por el Partido Justicialista correntino, la expresidenta desplegó un discurso cargado de crítica política, memoria histórica y resistencia popular. Pero también dejó algo más: una clara demostración de que ni las amenazas, ni las operaciones judiciales, ni el aparato mediático pueden callarla.

Frases que retumbaron

Entre las definiciones más potentes del acto, Cristina lanzó:

 “Me gatillaron en la cara, porque me quieren presa o muerta… pero no evitarán que vuelva el pueblo.

 “Si estoy tan acabada… ¿por qué no me dejan competir y derrotarme políticamente? Mirá cómo tiemblo.

 “Desde que están los honestos, la gente vive cada vez peor… vivíamos en un país mejor… era un cachito feliz.

 “Este proyecto es un remake ineficiente de la tablita de Martínez de Hoz y la convertibilidad de Cavallo… como el yogur, se vence.

 “No está bueno vivir en una provincia donde se roban un pibe.

En cada frase, la exmandataria logró hacer lo que hace años genera temor en los sectores de poder: conectar directamente con el pueblo, sin filtros, sin pedir permiso.

Opinión: ¿Por qué les molesta tanto Cristina?

El discurso de hoy no sólo molestó a la casta política y judicial que Cristina denuncia. También dejó al descubierto un miedo más profundo y estructural: el terror que le tienen al peronismo.

El actual oficialismo, con Javier Milei a la cabeza, gobierna con una narrativa de "libertad" que no hace más que camuflar un ajuste brutal. Sin embargo, no logran generar liderazgo, ni conexión genuina con los sectores populares. Y lo saben. Por eso, cuando Cristina aparece, tiemblan. Porque ella, guste o no, sigue siendo la dirigente más lúcida, combativa y escuchada del país.

La oligarquía argentina —la de los medios, los jueces, los empresarios fugadores y los ceos reciclados en ministerios— no le teme a una persona, le teme a lo que esa persona encarna: justicia social, memoria histórica, redistribución, dignidad colectiva.

Y si algo quedó claro hoy en Corrientes, es que Cristina no está sola.

El pueblo sigue de pie

Mientras el modelo neoliberal se desmorona en las estadísticas y en las mesas vacías de cada barrio, el peronismo sigue organizándose, a veces en silencio, otras a los gritos, pero siempre con una certeza: la historia no la escriben los trolls ni los jueces, la historia la escriben los pueblos que no se rinden.

Cristina habló en Corrientes, pero el eco llegó a todo el país. Y ese eco dice algo contundente: a pesar de las persecuciones, los ataques mediáticos y la violencia institucional, la voz del pueblo peronista sigue viva y creciendo.

Porque más allá de quién ocupe cargos o tribunales, más allá de la campaña feroz que intenta silenciarla, Cristina representa una historia de resistencia y una esperanza para millones que todavía creen en un país justo y solidario.

La oligarquía y el oficialismo pueden intentar construir muros, muros de miedo y exclusión, pero el peronismo es ese río subterráneo que siempre vuelve a fluir, siempre encuentra su camino, porque es la fuerza de los barrios, de los trabajadores, de los jóvenes y de los pueblos originarios.

Hoy en Corrientes se volvió a escribir una página de esa historia de lucha. Y aunque algunos quieran ocultarlo, la resistencia popular sigue siendo el verdadero motor del cambio en Argentina.