En los barrios populares la situación es cada día más difícil. Ya no estamos hablando de llegar a fin de mes. Estamos hablando de algo mucho más básico: poder poner un plato de comida sobre la mesa.
Hace meses presentamos notas en el Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia, acompañadas por firmas de vecinos que viven esta realidad todos los días. Explicamos necesidades concretas, relatamos situaciones de urgencia y pedimos una respuesta. Sin embargo, el tiempo pasó y las soluciones nunca llegaron.
Lo más doloroso es que esto ocurre bajo un gobierno que se define como peronista. Pero cuesta encontrar en estas políticas los ideales de justicia social que levantó Perón o la sensibilidad que tuvo Evita hacia los más humildes. Porque el peronismo nació para que los últimos fueran los primeros, no para que los más pobres tengan que mendigar respuestas mientras el hambre avanza.
Mientras algunos funcionarios recorren oficinas y participan de actos, en los barrios crecen la angustia, la incertidumbre y la desesperación. Los recortes, la falta de asistencia y el abandono golpean de lleno a quienes menos tienen. Comedores que ya no alcanzan, merenderos que desaparecen y familias enteras haciendo malabares para conseguir algo de comida.
La vida en los márgenes se volvió cada vez más dura. La falta de trabajo, la imposibilidad de cubrir necesidades básicas y la sensación de que nadie escucha generan tristeza, depresión y desesperanza. Hay vecinos que sienten que fueron olvidados por completo.
Resulta imposible no preguntarse si quienes hoy tienen responsabilidades de gobierno conocen realmente lo que está pasando en los barrios. Porque cuando una madre no sabe qué darle de comer a sus hijos, cuando un jubilado debe elegir entre comprar medicamentos o alimentos, cuando los chicos llegan a la noche con hambre, no alcanza con discursos ni con estadísticas.
Perón enseñó que la verdadera política es aquella que busca la felicidad del pueblo. Evita dedicó su vida a los humildes y jamás aceptó la indiferencia frente al sufrimiento de los más necesitados. Por eso duele tanto que, en nombre del peronismo, se naturalice una situación que contradice sus ideas fundamentales.
Los barrios populares no necesitan promesas. Necesitan respuestas. Necesitan trabajo, alimentos y una presencia real del Estado.
Porque detrás de cada reclamo hay personas. Hay madres, padres, jubilados, jóvenes y niños. Hay historias de lucha y de dignidad.
Y porque el hambre no puede esperar.

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