Por AWQAY

Mientras los gobiernos de derecha desmantelan el Estado y entregan recursos, en otros rincones de América Latina se gesta una disputa por el litio que no es solo económica: es política, es ambiental, y es profundamente soberana.

El llamado “triángulo del litio”, conformado por Argentina, Bolivia y Chile, concentra más del 60% de las reservas mundiales del mineral clave para la transición energética global. En este escenario, se contraponen dos modelos: el de entrega extractivista, promovido por Javier Milei en Argentina, y el de control estatal con industrialización local, impulsado por Bolivia y —con matices— Chile.

En Bolivia, el litio es considerado recurso estratégico desde la presidencia de Evo Morales. El Estado nacional participa en la explotación a través de YLB (Yacimientos de Litio Bolivianos) y establece asociaciones con empresas extranjeras bajo control estatal. En enero de 2024, firmaron un acuerdo con consorcios chinos para avanzar en la producción de baterías en suelo boliviano, con participación pública mayoritaria.

“No queremos ser sólo exportadores de materia prima. Queremos valor agregado, industria nacional y trabajo para nuestro pueblo”, expresó el presidente Luis Arce en un acto reciente.

En Argentina, el panorama es opuesto. El gobierno de Milei impulsa un modelo de libre mercado sin control estatal, favoreciendo a empresas como Livent, Allkem y Tesla, que exportan carbonato de litio con mínima intervención pública y baja tributación. Las provincias —principalmente Jujuy, Salta y Catamarca— firman acuerdos con empresas multinacionales mientras las comunidades originarias denuncian saqueo ambiental y falta de consulta previa.

“No nos oponemos al desarrollo, pero no puede ser a costa de nuestros territorios, ni sin que se nos escuche”, declaró una lideresa del pueblo Atacama en un corte reciente en la Puna jujeña.

En Chile, con una nueva estrategia nacional del litio en proceso, el Estado busca un rol protagónico a través de Codelco y Enami, priorizando asociaciones público-privadas bajo condiciones soberanas.

La disputa por el litio es más que una cuestión de contratos: es una batalla por el modelo de desarrollo. ¿Será América Latina una batería sin derechos, o un bloque soberano con industria, ciencia y justicia ambiental?

Desde AWQAY, entendemos que la integración regional no puede pensarse sin soberanía energética y tecnológica. América Latina está en juego. El litio también.