Por AWQAY
La escena se repite en la historia argentina: una ley clave se aprueba en el Congreso mientras, puertas afuera, el pueblo resiste en la calle. Esta vez, el eje no es solo económico o político. Es algo más profundo: el agua.
La votación que cambió el tablero
El Congreso aprobó la reforma de la Ley de Glaciares, impulsada por el gobierno de Javier Milei, con el argumento de “destrabar inversiones” en la cordillera.
La modificación introduce un cambio central: deja de proteger automáticamente a todos los glaciares y ambientes periglaciares, y pasa a evaluarlos caso por caso según su “función hídrica efectiva”.
En los hechos, esto abre la puerta a la expansión de la minería en zonas hasta ahora prohibidas, especialmente para la extracción de oro, cobre y plata.
Para el oficialismo, se trata de una oportunidad económica. Para amplios sectores sociales, científicos y ambientales, es otra cosa: una regresión histórica.
El rechazo: “el agua vale más que el oro”
Mientras se debatía la ley, miles de personas se movilizaron en todo el país. Las consignas fueron claras:
“Venden nuestro futuro”
“El agua vale más que el oro”
El conflicto no es nuevo. Desde que el proyecto ingresó al Congreso, se multiplicaron las advertencias: especialistas señalaron que la reforma reduce la protección de reservas estratégicas de agua dulce en un contexto de crisis hídrica global.
Además, organizaciones ambientales, científicas y jurídicas denunciaron que se trata de una “regresión ambiental” que podría violar el artículo 41 de la Constitución Nacional, que garantiza presupuestos mínimos de protección ambiental.
Audiencias restringidas y conflicto democrático
El proceso legislativo también estuvo atravesado por cuestionamientos. Más de 100 mil personas se inscribieron para participar en audiencias públicas, pero el Congreso limitó la exposición a una minoría, obligando al resto a participar por escrito.
Esto generó nuevas acciones judiciales incluso antes de la aprobación definitiva.
La crítica es de fondo: no solo qué ley se vota, sino cómo se vota.
Represión y calle caliente
La jornada de aprobación estuvo marcada por protestas masivas y tensión en las calles. También se registraron episodios de represión en el marco de las manifestaciones contra la reforma.
Otra vez, la postal conocida: Congreso adentro, votos; afuera, conflicto social.
La ofensiva judicial: “inconstitucional”
La reacción no terminó con la votación. Al contrario: recién empieza.
Organizaciones ambientales, juristas y sectores de la oposición ya anticipan una presentación colectiva en la Justicia para declarar la inconstitucionalidad de la reforma.
Pero esta vez hay un dato nuevo que marca un punto de inflexión:
se está gestando la demanda colectiva más grande de la historia argentina en defensa del agua.
Miles de personas ya comenzaron a sumarse, en una acción que busca frenar la aplicación de la ley por vía judicial y sentar un precedente histórico frente al avance sobre los bienes comunes.
Los argumentos son contundentes:
- Viola el principio de no regresión ambiental
- Debilita los presupuestos mínimos de protección
- Pone en riesgo el derecho al agua
La convocatoria sigue abierta
Cualquier persona puede sumarse a la presentación colectiva:
👉 www.demandacolectivaglaciares.org
En este escenario, la disputa entra en una nueva fase: ya no solo en el Congreso o en la calle, sino también en los tribunales.
Lo que está en juego
Argentina tiene miles de glaciares que alimentan decenas de cuencas hídricas. Son reservas estratégicas para el presente y el futuro.
Por eso, el debate excede lo técnico: no es solo minería sí o no.
Es qué modelo de país se construye.
Uno donde el agua es un bien común… o uno donde se negocia.
La historia todavía no terminó.
Se aprobó la ley, pero se abrió un conflicto mayor.
En las calles, en los territorios y ahora también en los tribunales, empieza una nueva etapa:
la disputa por el agua, por la soberanía y por el futuro.
Porque cuando tocan los glaciares, no están tocando hielo: están tocando la vida.

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