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Jesús, el primer revolucionario: del pesebre a la comunidad organizada


Lejos del cielo y cerca del pueblo: una lectura política de Jesús, su legado humano y su traducción histórica en el Justicialismo, frente a un presente de ajuste, individualismo y pérdida de derechos.

Cuando leí la vida y obra de Jesús por primera vez pensé algo simple y peligroso:
este tipo fue un revolucionario.

Tan convencido estaba, que así lo definí en un examen de Dogma Cristiano en la facultad. Reprobé. No por falta de estudio, sino porque un Jesús revolucionario no entra cómodamente en la teología institucional. Con el tiempo entendí el motivo: un hombre con ese temperamento no podía ser terrenal. Era demasiado incómodo. Demasiado subversivo. Demasiado humano.

La religión —como toda institución de poder— necesitó volverlo celestial para neutralizarlo. Porque un Jesús de carne y hueso, caminando entre pobres, enfrentando a los poderosos, denunciando la acumulación y predicando la igualdad, era y sigue siendo profundamente peligroso.

Por eso hoy no hay eufemismos posibles:
Jesús fue el primer revolucionario mundial.

No fundó una iglesia.
No escribió dogmas.
No prometió resignación a cambio de premios en el más allá.

Jesús dejó una filosofía de vida.
No para los cielos.
Para ser aplicada en la tierra.

Las acciones de Jesús: una práctica política concreta

Jesús no habló en abstracto. Actuó. Y cada una de sus acciones tiene una lectura social y política clara:

  • Eligió nacer pobre, como posicionamiento histórico: vino desde abajo, no desde el poder.

  • Caminó con los excluidos: pobres, enfermos, mujeres relegadas, extranjeros. Los que el sistema descartaba, Jesús los puso en el centro.

  • Cuestionó la acumulación de riqueza, advirtiendo que no se puede servir a Dios y al dinero al mismo tiempo.

  • Expulsó a los mercaderes del templo, enfrentando la alianza entre religión, negocio y poder.

  • Compartió el pan, lo multiplicó, no lo privatizó. La lógica fue comunitaria, no mercantil.

  • Defendió a las mujeres en una sociedad patriarcal, devolviéndoles dignidad cuando eran condenadas.

  • Sanó sin pedir nada a cambio, rompiendo la lógica del mérito.

  • Denunció a las élites religiosas, por usar la ley para oprimir en lugar de liberar.

  • Definió al prójimo como el otro, no como el parecido ni el obediente.

  • Anunció un Reino colectivo, aquí y ahora.

  • Fue perseguido y ejecutado por el poder político, no por rezar, sino porque su mensaje desordenaba el sistema.

Nada de esto fue ingenuo.
Nada fue neutral.

Jesús no murió por hablar de amor.
Murió por poner el amor en práctica contra un orden injusto.

De la filosofía de vida al proyecto político

Toda filosofía de vida verdadera necesita encarnarse. Y cuando el mensaje de Jesús se intenta llevar a la práctica, inevitablemente se vuelve político.

En la Argentina hubo un hombre que supo interpretar ese legado con claridad histórica: Juan Domingo Perón. Y lo tradujo en un proyecto concreto: el Justicialismo.

Donde el cristianismo habló del Reino de Dios, Perón habló de Comunidad Organizada.
Donde Jesús puso a los últimos en el centro, el Justicialismo levantó la bandera de la Justicia Social.
Donde el mensaje fue colectivo, el proyecto fue popular, nacional y solidario.

No fue casualidad.
Fue continuidad histórica.

Navidad no es neutral

Hoy, muchas familias llegan a estas fiestas privadas de cosas que durante años fueron normales: una mesa digna, un regalo para los pibes, la tranquilidad de llegar a fin de mes. La plata no alcanza. Y no es una sensación: es una realidad que se vive en los barrios.

Nada de esto es destino ni casualidad. Es consecuencia de decisiones políticas.

El gobierno actual está profundamente alejado del legado de Jesucristo. Y si llevamos esta lectura al lenguaje religioso que muchos dicen defender, resulta evidente que este proyecto se parece mucho más a la adoración del mercado, del ego y de la crueldad que a cualquier valor cristiano.

Porque Jesús predicó amor al prójimo.
Este gobierno predica el sálvese quien pueda.

Porque Jesús defendió a los pobres.
Este gobierno los culpa de su propia pobreza.

Porque Jesús enfrentó a los poderosos.
Este gobierno los protege.

Medidas que van en sentido contrario al mensaje de Jesús

  • Ajuste sobre jubilados, obligándolos a elegir entre comer o medicarse.

  • Recortes y desmantelamiento de políticas sociales y comedores.

  • Ataque a los derechos laborales, debilitando al trabajador.

  • Criminalización de la protesta social.

  • Desprecio explícito por la justicia social, presentada como un robo.

  • Mercantilización de derechos básicos como salud, educación y vivienda.

Volver al origen

Se acerca un nuevo aniversario del nacimiento de Cristo. Celebrarlo no puede ser un acto vacío. Navidad es memoria y toma de posición.

Tal vez sea tiempo de recuperar nuestro movimiento desde un humanismo profundo, lejos de personalismos. Porque no se defienden nombres: se defienden ideas.

Las ideas de Cristo, hechas política por Perón, con Evita como amor en acción.

Porque no hay Navidad sin pueblo.
Y no hay fe verdadera sin justicia social.

Viva Jesús.
Viva Evita.
Viva Perón.

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