Por AWQAY
Cuando se habla del Golpe de Estado en Argentina de 1976 muchas veces se dice “dictadura militar”, pero esa definición está incompleta. No fue solamente una dictadura militar. Fue una dictadura militar con apoyo civil, empresarial, mediático y judicial. Los militares pusieron las armas, los centros clandestinos y la represión, pero hubo sectores civiles que pidieron el golpe, lo financiaron, lo justificaron y se beneficiaron mientras el país estaba paralizado por el miedo.
La dictadura no empezó solamente para sacar a un gobierno, la dictadura empezó para cambiar el modelo económico argentino. Antes de 1976 Argentina era un país con industria nacional fuerte, con sindicatos poderosos, con universidades llenas de hijos de trabajadores, con movilidad social y con una sociedad muy politizada. Había conflicto, había paros, había discusión política, pero había algo que para los grupos de poder era peligroso: había un pueblo organizado.
Cuando el pueblo está organizado, no se puede aplicar un modelo económico donde ganen pocos y pierdan muchos. Entonces primero había que desorganizar a la sociedad. Y para desorganizar a la sociedad en la Argentina históricamente se utilizó siempre el mismo método: persecución, cárcel, tortura, desapariciones y muerte. Eso fue el Proceso de Reorganización Nacional, un nombre prolijo para lo que en realidad fue terrorismo de Estado aplicado para transformar la economía del país.
Mientras la sociedad tenía miedo, mientras las familias buscaban desaparecidos, mientras los centros clandestinos funcionaban, al mismo tiempo se abrían importaciones, se cerraban fábricas, se destruía la industria nacional, se bajaban salarios, se prohibían paritarias y se endeudaba el país. No desaparecieron solamente 30.000 personas, también desaparecieron miles de fábricas, desapareció el trabajo industrial, desapareció la participación política y desapareció la idea de que la economía tenía que estar al servicio del pueblo. Primero desaparecen personas, después desaparecen derechos, después desaparece el país que conocías.
Hubo empresarios que entregaron delegados sindicales, hubo medios de comunicación que apoyaron el golpe y pedían orden, hubo sectores del poder judicial que miraron para otro lado, y hubo parte de la sociedad que creyó que la dictadura venía a poner orden sin entender que cuando se pierde la democracia, el orden siempre lo paga el pueblo.
En medio de ese terror aparecieron las Madres de Plaza de Mayo, mujeres solas caminando en una plaza preguntando dónde estaban sus hijos, enfrentando a una dictadura cuando la mayoría tenía miedo de hablar. Esas mujeres le enseñaron a la Argentina que la memoria no es solamente recordar a las víctimas, la memoria es entender por qué pasó todo eso.
Porque la dictadura no fue solo militar, la dictadura fue económica. Fue el momento en que se impuso en la Argentina un modelo económico liberal basado en la apertura de importaciones, la especulación financiera, el endeudamiento externo, la caída del salario y la destrucción de la industria nacional. Ese modelo no terminó en 1983, volvió en distintos momentos de la historia argentina, porque es el modelo que beneficia a los sectores económicos más concentrados del país.
Por eso cuando hoy se discuten políticas de apertura indiscriminada de importaciones, ajuste del Estado, caída del salario, flexibilización laboral, endeudamiento y economía financiera, muchos argentinos sienten que esa discusión ya la vivieron. Y ahí es donde el 24 de marzo deja de ser solamente una fecha para recordar el pasado y pasa a ser una fecha para entender el presente.
El 24 de marzo no es un feriado más. No es un fin de semana largo. No es una fecha para mirar solamente hacia atrás. Es un día profundamente político, porque obliga a la Argentina a hacerse una pregunta incómoda: quiénes se beneficiaron con la dictadura y qué modelo de país se impuso en esos años.
La memoria en la Argentina no es solamente un acto de recuerdo, es un acto de defensa como sociedad. Porque la historia argentina demuestra algo muy claro: cada vez que quisieron cambiar la Argentina en contra del pueblo, primero tuvieron que callar al pueblo.
La dictadura no solo dejó desaparecidos.
La dictadura dejó un modelo económico.
Y cada vez que ese modelo vuelve, la memoria deja de ser pasado y se transforma en presente.

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