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El golpe final a los comedores comunitarios en un contexto donde la gente se endeuda para comprar comida


Por AWQAY

El Gobierno nacional acaba de eliminar el Registro Nacional de Comedores y Merenderos Comunitarios (RENACOM). Lo hizo con la promesa de “mejorar la eficiencia” y “fortalecer los controles presenciales”. La realidad es otra: sin un registro oficial, la poca asistencia alimentaria que quedaba corre riesgo de desaparecer por completo.

RENACOM nació en 2020 para visibilizar y articular la red de comedores y merenderos en todo el país. Fue una herramienta imperfecta, sí, pero al menos garantizaba que hubiera un listado de organizaciones que todos los días sostienen la olla en los barrios. Hoy, con esta decisión, se rompe ese puente.

Los comedores barriales no son una estadística: son familias cocinando a pulmón para que otras familias coman. Yo mismo tuve un merendero que tuvo que cerrar por falta de asistencia. Sé lo que significa mirar a la cara a los pibes y no tener qué darles. Hoy el Gobierno decide, con una firma, borrar de un plumazo esa historia de solidaridad.

Nos dicen que ahora habrá controles presenciales. ¿Quién va a hacer esos controles? ¿Con qué equipos, con qué presupuesto, si ni siquiera reparten la comida básica? Esto suena más a desmantelamiento que a “eficiencia”.

Eliminar el RENACOM es dejar al hambre sin registro, sin nombre y sin reclamo. Porque cuando no hay números oficiales, la pobreza se vuelve invisible.

En los barrios populares el ajuste no es una palabra técnica: es una olla vacía, es un comedor que baja las persianas, es una madre que se va a dormir con angustia porque no sabe qué va a dar de comer al día siguiente.

Hoy la gente se endeuda para comprar comida. Paga con tarjeta el arroz, se cuelga con el pan, pide fiado la leche. En este contexto, cerrar el registro de comedores es un golpe directo a quienes menos tienen.

Los comedores y merenderos no son la solución de fondo, son una asistencia humanitaria de urgencia para que los más golpeados puedan comer algo cada día. La verdadera solución está en otro lado: industrialización, trabajo genuino, políticas productivas y un Estado que proteja a su pueblo. Pero mientras tanto, lo mínimo que debería hacer un gobierno es garantizar el plato de comida.

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