Finalmente la CGT llamó a un paro general para el día en que se trate la Ley de Modernización Laboral. Pero, fiel a su tradición de tibieza, la convocatoria no incluye movilización.
Sin embargo, desde diferentes sindicatos, organizaciones sociales y políticas, la convocatoria a movilizar sigue intacta. Porque el pueblo sale a defender sus derechos con los dirigentes a la cabeza… o con la cabeza de los dirigentes.
Aunque muchos estén distraídos o no quieran verlo, esta reforma viene a atrasar de manera escandalosa todo lo conquistado en materia de derechos laborales durante décadas de lucha.
Es triste y desesperante ver cómo se roban el futuro de los trabajadores mientras quienes deberían estar a la altura de las circunstancias se paralizan por miedo. La historia no se escribe con especulación ni con cálculos mezquinos: se escribe con coraje.
Desde AWQAY venimos insistiendo hace tiempo en que el recambio de dirigentes debe ser inmediato. Y hasta ahora no apareció un solo argumento serio que pueda refutar esa necesidad.
A pesar de eso, la realidad nos muestra un horizonte de penumbras que debemos enfrentar desde el lugar que nos toque, poniendo todo para frenar este atropello.
Es cierto que la precarización laboral es un problema que no se resolvió como debía. Pero quitar derechos no lo soluciona: lo profundiza. Si desaparece la figura de la planta permanente como garantía de estabilidad, lo que se está haciendo es institucionalizar la precariedad. Es, en los hechos, una forma de legalizar el trabajo en negro: todos flexibilizados, todos vulnerables, todos a merced del patrón.
Lo que se está por votar en dioutados es una de las aberraciones más grandes que puede cometer una nación contra quienes producen su riqueza. Coloca a los trabajadores en una situación espantosa. Y sin exagerar, roza la esclavitud.

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