Por AWQAY
El Poder Judicial selló este martes una sentencia histórica: quedó firme la condena a Cristina Fernández de Kirchner. No hubo pruebas, sólo la voluntad de una élite que no le perdona haber llenado la heladera del pueblo. Otra vez, como tantas en nuestra historia, el poder económico decidió que era momento de disciplinar a quien osó desafiarlo.
Esta vez, no hubo fusilamientos como con Valle. No hubo tanques, ni listas negras como en el ’55. Esta vez, la represión vino envuelta en expedientes judiciales, tapas de diarios y fallos armados a medida del establishment. Cristina fue condenada por hacer lo que cualquier patriota haría: gobernar para las mayorías.
Crónica de los hechos
La Corte Suprema de Justicia de la Nación confirmó este martes la condena a Cristina Fernández de Kirchner en la causa conocida como "Vialidad", cerrando así uno de los capítulos más burdos y evidentes del lawfare en la Argentina. No hubo sorpresa: el fallo fue el desenlace anunciado de un proceso judicial plagado de irregularidades, armado desde los sótanos del poder económico con un solo objetivo político: proscribir a la dirigente más importante del peronismo en este siglo.
Pero no fue la Justicia la que la condenó: fue el Grupo Clarín. Fue Magnetto, con sus tapas diarias, con sus editoriales incendiarios, con sus operadores disfrazados de periodistas. Fue ese multimedio el que marcó el ritmo del expediente, el que dictó sentencia antes que los jueces. La televisión y los diarios hicieron su parte: demonizar, hostigar, instalar una narrativa que convirtió una decisión administrativa —como tantas que se toman en los gobiernos— en una causa penal con aroma de show.
Durante años, Cristina fue víctima de una cacería política, mediática y judicial que ningún dirigente de derecha padeció jamás. Se la acusó sin pruebas, se tergiversaron documentos, se omitieron peritajes clave. Lo que no podían ganar en las urnas, intentaron resolver en los tribunales.
La historia es clara: cuando el peronismo gobierna para el pueblo, el poder económico responde con golpes, proscripciones o causas armadas. Esta vez no hubo tanques, pero hubo otro tipo de blindaje: el mediático. Y una vez más, el blanco fue una mujer que no se arrodilló. Cristina, como antes Perón y como tantas veces Evita, pagó el precio de representar al pueblo.
La palabra de Cristina
Desde el PJ Nacional, Cristina fue clara y contundente:
Una vez más, el peronismo perseguido
Los y las peronistas lo saben bien: a este movimiento lo proscribieron, lo bombardearon, lo desaparecieron. No hay cárcel, bala ni exilio que haya frenado esta fuerza histórica que nació con Perón y Evita y sigue latiendo en cada villa, en cada fábrica, en cada cocina popular.
Hoy Cristina se suma a esa larga lista de mártires. Pero el peronismo no se derrota, se multiplica.
Es hora de una nueva organización
Frente a esta avanzada, es urgente la reorganización del movimiento. Se necesita una mesa chica real, sin sellos vacíos ni egos, con representación concreta de cada sector: juventud, trabajadores, movimientos sociales, feminismo, cultura, villas, economía popular. Una mesa con los pies en la tierra y el oído en el pueblo.
Organizar al barrio: la verdadera resistencia
Pero el trabajo más importante está en los barrios. Volver a encender el fuego del orgullo peronista en cada cuadra. Asado, vinito y fútbol en la tele. Que el vecino diga “soy peronista” sin miedo ni vergüenza. Que se vuelva a militar en zapatillas, con la olla en una mano y la bandera en la otra.
Porque el peronismo no es sólo un partido. Es una forma de vivir, de sentir, de resistir.
Gorilas, tomen nota
Estamos volviendo. Y no volvemos solos. Volvemos con la historia, con los caídos, con la memoria, con la ternura organizada y la bronca contenida. Volvemos con el barrio de pie, con la frente en alto, con la certeza de que "Primero la Patria, después el Movimiento y luego los hombres".
Y cuando volvamos, van a temblar.

0 Comentarios