Por AWQAY
Javier Milei se autoproclama "libertario", pero al parecer se saltó unas cuantas páginas fundamentales de la historia de las ideas libertarias. Si Errico Malatesta, uno de los grandes referentes del anarquismo social, pudiera leer los discursos del presidente argentino, probablemente se atragantaría con su mate negro y saldría a organizar una huelga general.
Porque una cosa es proclamarse “enemigo del Estado” y otra muy distinta es amar el mercado como si fuera una religión. Milei habla de libertad mientras reprime protestas, ajusta a los más pobres y defiende con uñas y dientes los privilegios empresariales. Parece que su “libertarismo” consiste, básicamente, en privatizar hasta el aire que respiramos.
El Malatesta que Milei no leyó
Errico Malatesta (1853–1932) fue un anarquista italiano que luchó toda su vida por una libertad real, no una para la elite. Creía que la libertad solo podía florecer donde existiera igualdad, solidaridad y justicia social.
Malatesta defendía la organización colectiva, el apoyo mutuo y el reparto justo de los recursos. Para él, el Estado debía desaparecer, sí, pero junto con el capitalismo, no al servicio de este. Imaginaba una sociedad sin explotadores ni explotados, donde las decisiones se tomaran desde abajo y no en las oficinas de Wall Street.
Milei y la “libertad” del látigo
Milei, en cambio, se presenta como un libertario mientras encarcela manifestantes, recorta derechos laborales, deja sin alimentos a comedores populares y entrega los bienes públicos al mejor postor. Su “revolución liberal” no tiene nada de emancipadora: sólo es una restauración brutal del poder económico concentrado.
Su concepto de libertad parece extraído de una publicidad de fondos buitre: libertad para despedir, para no pagar impuestos, para especular, para contaminar, para enriquecerse a costa del hambre ajeno. Una libertad que excluye, que margina, que castiga.
Y cuando alguien levanta la voz, ahí está Patricia Bullrich con el bastón y el protocolo antipiquetes, porque claro: la libertad es hermosa… mientras no moleste a los poderosos.
¿Libertario? Preguntale a Bayer
El anarquismo que Milei ignora también tiene raíces en nuestra historia. Osvaldo Bayer, historiador, militante y defensor de los pueblos originarios, dedicó su vida a rescatar las luchas obreras del anarquismo argentino, como la Patagonia Rebelde, donde peones rurales fueron fusilados por exigir condiciones dignas de vida. Bayer lo dejó claro: el anarquismo era lucha social, no especulación financiera.
Pero claro, para entender eso hay que leer más a Radowitzky que a Rothbard, y parece que el presidente prefiere los libros con fórmulas mágicas de ajuste y motosierra.
Libertad para unos pocos
Resulta curioso —y triste— ver cómo Milei y sus seguidores se apropian de una palabra que, históricamente, fue bandera de los oprimidos. Libertad no era esto. Libertad era Malatesta, Bayer, Goldman, los sindicatos obreros, los pueblos levantándose contra reyes y patrones. Hoy, esa misma palabra se usa para justificar el ajuste, la desigualdad y la represión.
En fin, si esto es libertarismo, que venga Malatesta y lo vea.
Aunque probablemente, si viniera, lo primero que haría sería organizar una huelga general.
“No se puede hablar de libertad cuando una parte de la humanidad está condenada a la miseria y otra vive en la abundancia.”
— Errico Malatesta

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