Por AWQAY

El 18 de junio, una multitud ocupó Plaza de Mayo para rechazar la condena a Cristina Fernández de Kirchner. No hubo represión, no porque no quisieran, sino porque no se animaron.

Un mar de pueblo

Medio millón de personas coparon Plaza de Mayo. Desde temprano llegaron columnas de La Cámpora, la JP, los movimientos sociales, sindicatos combativos y organizaciones de derechos humanos. En una sola voz se gritó “¡Cristina no está sola!”.
El motivo: la condena firme a seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, dictada por la Corte Suprema en la causa “Vialidad”.
Cristina ya había sido notificada vía Zoom de su arresto domiciliario, con tobillera electrónica, y hasta se le prohibió salir al balcón de su casa. Sin embargo, lo que pretendía ser un final fue apenas el comienzo de una nueva etapa.

Cristina habló al pueblo

Desde su departamento en Recoleta, Cristina envió un mensaje grabado que fue reproducido en la Plaza:

“Estoy en San José 1111, firme y tranquila. Eso sí, con prohibición de salir al balcón, dios mío, qué cachivaches que son.

Quiero agradecerles a todos y todas las increíbles muestras de afecto y cariño en estos días.

Pero lo que más me gustó fue escucharlos cantar otra vez ‘vamos a volver’.

Me gusta ese ‘vamos a volver’, porque revela una voluntad: la de volver a tener un país donde los pibes puedan comer cuatro veces al día, y en el colegio les den libros y computadoras; que los laburantes lleguen a fin de mes y puedan ahorrar para comprarse un autito, una casita, un terrenito, algo que sea de ellos, conseguido con el esfuerzo de su trabajo, bien peronista.

Los jubilados tenían remedios. Ese país no fue una utopía, lo vivimos durante doce años y medio, y además lo dejamos desendeudado.”

Su voz, pausada y firme, encendió a la multitud. Fue un mensaje claro: esto no terminó. La sentencia judicial podrá proscribirla, pero no podrá borrar lo que representa.

El gobierno no se animó

La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, había advertido que aplicarían el protocolo antipiquetes. Pero no se animaron.
La masividad de la convocatoria, la centralidad de Cristina y el riesgo político de reprimir una movilización pacífica con madres, jubilados y jóvenes militantes hicieron retroceder al Gobierno.
No hubo camiones hidrantes ni gases. El pueblo ocupó la Plaza y marcó un límite: no se reprime al peronismo.

¿Y la CGT?

El triunvirato de la CGT no convocó al paro general, pese a la gravedad institucional del fallo.
Sin embargo, miles de trabajadores se movilizaron por su cuenta, y algunas seccionales —como las de ATE, UTE, AGTSyP y docentes universitarios— se plegaron a la jornada con paros parciales o delegaciones sindicales.
La izquierda, por su parte, participó con columnas independientes, respetando la consigna principal de defensa a Cristina, aunque sin una convocatoria unificada.

Una plaza que habló por millones

La movilización del 18J fue histórica. No por lo multitudinaria —aunque lo fue— sino porque expresó el sentir profundo de un pueblo que no se resigna.
Las imágenes de los bombardeos en 1955, los fusilamientos, la proscripción, la cárcel a Milagro Sala, y ahora la condena a Cristina, forman parte de una misma historia: la del intento sistemático de eliminar al peronismo como herramienta de transformación popular.

El camino es con el pueblo

Cristina no pidió permiso para hablar. Tampoco lo hizo el pueblo para marchar. En medio del ajuste, la entrega y la persecución política, la Plaza se volvió a llenar.
Hoy más que nunca, como dijo ella misma, “vamos a volver” no es una consigna electoral: es una promesa de lucha.

Desde AWQAY decimos:

“Cristina no está sola. El pueblo tampoco. Nuestra historia es la resistencia, y nuestra fuerza es la memoria. Mientras haya injusticia, habrá lucha.”