Por AWQAY
No era solo una marcha. No era solo una consigna.
El 18 de junio de 2025, la Plaza de Mayo volvió a latir con fuerza popular, con cientos de miles de personas que se convocaron para defender a Cristina Fernández de Kirchner, pero también algo mucho más profundo: una forma de vida, una historia colectiva, una identidad que no se deja arrebatar.
Lo que se vivió esa tarde fue mística en estado puro.
Una energía que no se organiza desde un escritorio.
Que no se financia desde un banco.
Que no se decide en un despacho.
Se construye en la calle, se hereda de generación en generación, se alimenta con memoria y amor por el pueblo.
La decisión del pueblo
El mensaje de Cristina, transmitido por alto parlante en Plaza de Mayo, comenzó con palabras grabadas y luego continuó en vivo, con emoción, firmeza y claridad. No pidió compasión. No bajó la cabeza. Denunció con fuerza el avance del lawfare y la decisión política de condenarla. Pero hubo un momento en el que la plaza entera contuvo el aliento, cuando dijo:
"No era un canto, era una decisión. No era un deseo, era una convicción. Y volvimos."
Porque el “vamos a volver” no fue solo una canción de militancia. Fue una promesa colectiva. Un acto de fe popular.
Una certeza construida en cada barrio, en cada comedor, en cada sindicato, en cada aula, en cada plaza. El pueblo no cantaba por nostalgia: cantaba con convicción. Y volvió. Volvimos.
La plaza como prueba de amor
La convocatoria fue inmensa. Columnas del conurbano, de las provincias, organizaciones sociales, sindicatos, estudiantes, familias enteras.
Sí, hubo micros. Porque el pueblo se organiza para estar, porque sabe que cuando una compañera está en riesgo, se sale a bancar. Porque defender a Cristina no es defender a una persona: es defender una historia, un proyecto, una causa.
En cada bandera flameando al viento, en cada cartel improvisado, en cada abrazo entre desconocidos, estaba presente la certeza de que algo más grande nos une:
Una memoria. Una lucha. Una esperanza.
Una historia que no se rinde
La historia del peronismo es de idas y vueltas. Nos proscribieron, nos bombardearon, nos desaparecieron, nos encarcelaron. Y sin embargo, siempre volvimos.
"No era un deseo... era una convicción."
Lo entendieron Perón y Evita. Lo gritó Néstor con coraje. Y hoy lo reafirma Cristina, aún proscripta, aún perseguida, pero con el pueblo a su lado.
El fuego no se apaga.
Porque la mística no es pasado.
Es presente en lucha.
Es futuro en construcción.
Es esa llama que no pudieron apagar ni con balas ni con condenas.
Es amor político que no se vende ni se rinde.
Por eso la plaza no fue solo una manifestación. Fue un acto de amor.
Una advertencia.
Una promesa:
Vamos a volver todas las veces que haga falta.
El movimiento más grande de Occidente.
— La Cámpora (@la_campora) June 19, 2025
Siempre con Cristina. pic.twitter.com/S6tHhHLX1g

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