Por AWQAY
"Con la democracia no solo se vota, también se recuerda"
– Frase anónima escrita en un paredón del conurbano
1. Nacimiento del odio (1945-1955)
El 17 de octubre de 1945 cambió para siempre la historia argentina. Ese día, el subsuelo de la patria sublevado ocupó el centro político del país. Los trabajadores, los humildes, los invisibles, salieron a la calle para pedir por un coronel que había osado hablarles de justicia social. Juan Domingo Perón fue liberado. Y con él, nació el movimiento más amado y odiado de la historia nacional.
Desde entonces, el poder económico –traducido en oligarquía agroexportadora, grandes empresarios, medios de comunicación y sectores judiciales y militares– decidió que ese amor del pueblo era su amenaza más grave. Porque Perón había invertido el orden establecido: salarios dignos, sindicatos fuertes, vacaciones pagas, voto femenino, educación y salud para los humildes, universidades abiertas para los hijos de obreros.
En 1955, tras años de presión, atentados y campañas mediáticas, la respuesta fue el terror: el 16 de junio, aviones de la Marina bombardearon Plaza de Mayo con la consigna de matar a Perón. Murieron más de 300 civiles. Tres meses después, el golpe militar “Libertadora” derrocó al gobierno constitucional. Comenzaba una de las etapas más oscuras del país.
2. Resistencia y fusilamientos (1955-1973)
Durante 18 años, el peronismo fue proscripto. Se prohibió su nombre, sus símbolos, sus canciones. Decir “Perón” en público podía costar cárcel o algo peor. Pero el pueblo no olvidó. Los sindicatos resistieron. La militancia barrial inventó nuevas formas de organización. Los “muchachos peronistas” de la Resistencia se enfrentaban en las calles, a mano limpia o con lo que tuvieran.
En 1956, tras un intento de levantamiento liderado por el general Valle, el régimen fusiló a un grupo de militantes en José León Suárez. Rodolfo Walsh lo narró en su célebre “Operación Masacre”, una obra que marcó el periodismo argentino y denunció la violencia política como política de Estado.
3. La vuelta y el golpe más sangriento (1973-1976)
Tras años de lucha, en 1973 Perón volvió al país. Sin embargo, el retorno fue dramático. La masacre de Ezeiza marcó el inicio de una guerra interna entre el ala revolucionaria y la derecha peronista. Perón murió al año siguiente, y su viuda Isabel quedó a cargo de un gobierno cada vez más represivo, donde la organización parapolicial Triple A asesinó a centenares de militantes populares.
El golpe de Estado de 1976 fue la culminación de esa ofensiva. Bajo la doctrina del “Proceso de Reorganización Nacional”, la dictadura instauró el terrorismo de Estado más brutal de América Latina: más de 30.000 desaparecidos, centros clandestinos de detención, robos de bebés, torturas sistemáticas. El objetivo era claro: exterminar cualquier forma de organización popular.
4. Transición pactada y democracia vigilada (1983-2001)
Con la recuperación democrática en 1983, el pueblo recuperó las urnas, pero no el poder. La deuda externa, las recetas del FMI y la continuidad de los intereses económicos impusieron límites concretos. El peronismo volvió al poder en 1989, pero bajo una forma vaciada: el menemismo significó privatizaciones, desindustrialización, flexibilización laboral y concentración de la riqueza. Se vació de contenido popular, aunque mantuvo la sigla.
En diciembre de 2001, la rebelión popular contra el neoliberalismo terminó con 39 muertos y un presidente huyendo en helicóptero. Fue el grito de una patria al borde del colapso.
5. El renacer nacional y popular (2003-2015)
Con Néstor Kirchner primero y Cristina Fernández después, el peronismo recuperó sus banderas históricas: derechos humanos, soberanía económica, inclusión social, dignidad para los sectores más humildes. Se juzgó a los genocidas. Se recuperaron empresas estratégicas. Se amplió la universidad, se multiplicaron las escuelas, se impulsó la movilidad social.
Pero los sectores de poder no perdonan. Y como en 1955, como en 1976, como en cada ciclo de ampliación de derechos, respondieron con una nueva forma de golpe: el lawfare.
6. Lawfare y disciplinamiento: 2015 en adelante
El gobierno de Macri (2015-2019) reactivó la persecución política, con guión del poder judicial, respaldo mediático y complicidad internacional. La primera víctima visible fue Milagro Sala, dirigente indígena y social de Jujuy. Presa política desde enero de 2016, su detención fue el laboratorio del disciplinamiento: cárcel, difamación, causas múltiples y una justicia adicta al gobernador Gerardo Morales.
Luego vendría la ofensiva directa contra Cristina Fernández de Kirchner: espionaje ilegal, uso mediático de causas judiciales, amenazas a su familia, fiscales con guiones televisivos. El objetivo era claro: destruir su liderazgo e impedir su candidatura.
En 2022 fue condenada por "administración fraudulenta", en un fallo escandaloso sin pruebas sólidas. En 2023, anunció que no sería candidata para no exponer al peronismo a una proscripción formal. En 2025, la Corte Suprema dejó firme su condena. Cristina quedó oficialmente inhabilitada. El poder económico respiró aliviado.
7. Conclusión: la historia se repite, la lucha también
Cada etapa de dignidad popular en la Argentina fue respondida con violencia, proscripción, cárcel o muerte. El problema nunca fue Perón, Evita, Néstor, Cristina o Milagro. El problema, para ellos, es que el pueblo se organice y acceda al poder. Que los barrios hablen. Que los trabajadores decidan. Que los humildes no pidan permiso.
Hoy, como ayer, el odio a lo popular se disfraza de legalidad. Pero también como ayer, hay memoria, hay organización y hay esperanza. Porque si algo enseña la historia es que el peronismo, cuando se levanta desde abajo, vuelve con más fuerza.
Organizar la bronca, recuperar la mística, construir poder popular.
Porque el orgullo de ser peronista no nos lo van a robar.

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