Por AWQAY

Guillermo Francos, flamante jefe de Gabinete, llegó este miércoles al Senado para presentar su informe de gestión. Lo hizo en un clima tenso, con la sala cargada de oficialismo expectante, oposición impaciente y ciudadanía ausente. Pero lo que debía ser una exposición de logros terminó dejando una frase que lo dice todo: “Nos dirigimos a un futuro de confianza y pobreza”.

Sí, pobreza.

Un lapsus que no fue tal

Francos, con tono técnico y calmo, celebró la baja de la inflación, el crecimiento de los salarios reales y, sobre todo, una supuesta “fuerte disminución de la pobreza”: del 52,9% al 38,1% en apenas seis meses. Pero en el fragor del discurso, se le escapó una definición que excedió la estadística: “un futuro de confianza y pobreza”. Lo dijo, lo repitió, y luego intentó matizarlo. Pero ya estaba dicho. Y lo más grave no es el lapsus, sino que el modelo económico que él defiende hace de esa frase una política de Estado.

¿Bajó la pobreza? Sí. Pero no como te la cuentan

El gobierno se apoya en datos reales del INDEC para decir que la pobreza bajó casi 15 puntos. Y no mienten: si uno toma los ingresos declarados por las familias y los compara con la canasta básica oficial, los números cierran. La trampa está en lo que no mide esa fórmula:

  • No considera el costo del alquiler (que se lleva la mitad del sueldo).

  • No mide el trabajo informal o ultra precarizado.

  • No ve si comés una vez al día o tres.

  • No refleja la angustia, el endeudamiento, ni el deterioro del barrio.

Entonces, ¿bajó la pobreza o bajó el umbral para llamarte pobre?

La estadística como relato

La inflación bajó, sí. Pero ¿cómo? Frenando la economía, recortando jubilaciones, ajustando en salud, educación y obra pública. Se desaceleraron los precios, pero también los cuerpos. El modelo Milei-Francos no promueve el empleo ni la industria: promueve el aguante.

Francos festeja que “7 millones de personas salieron de la pobreza”. Pero si eso fuese verdad, no habría:

  • Colas en los comedores.

  • Más changas que trabajo.

  • Más venta callejera que puestos formales.

  • Más pibas cuidando hermanos que en la escuela.

“Hay una gran diferencia entre lo que dicen las estadísticas y lo que se siente en las calles”, dijo un analista extranjero esta semana. No hace falta ser analista para verlo: con solo salir al barrio alcanza.

El Senado como teatro

En la sesión, la senadora fueguina Cristina López lo cruzó fuerte: “Usted es un mentiroso, desvaloriza nuestra soberanía”. Francos, incómodo, se levantó. Se suspendió la sesión. Y todo quedó como si nada.

Pero para el pueblo, no es nada. Es la confirmación de que los que mandan no viven como nosotros ni nos escuchan.

Conclusión

Guillermo Francos pasó por el Senado a rendir cuentas. Mostró gráficos, repitió cifras, lanzó promesas. Pero lo que quedó grabado fue lo que no podía disimular: la pobreza no es un error del sistema, es su motor.

Mientras el modelo concentre riqueza arriba y reparta hambre abajo, podrán bajar la pobreza en los papeles, pero la dignidad seguirá en deuda.