Por AWQAY

Mientras el país se hunde en una crisis sin precedentes, Cristina volvió a hablar. Lo hizo desde la prisión domiciliaria, con la firmeza de quien no tiene nada que demostrar y con la lucidez intacta de una dirigente que, aún proscripta, sigue marcando la cancha. Su mensaje fue breve, grabado y dirigido a los trabajadores bancarios reunidos en su 52.º Congreso Nacional. Pero su contenido resonó mucho más allá de esas paredes: fue una advertencia clara sobre el colapso económico que se avecina y una defensa sin medias tintas del modelo de justicia social que hoy el gobierno intenta arrasar.

“La macroeconomía no cierra por ningún lado y la micro es una tragedia social”

Esa frase resume el corazón del mensaje. Cristina habló de un país donde los números macro ya ni siquiera logran sostener la fantasía de estabilidad. Pero lo más grave es lo cotidiano, lo que pasa en cada casa, en cada mesa vacía, en cada changa perdida. La ex presidenta no usó eufemismos: lo que vivimos no es un ajuste, es una demolición. Una política sistemática de destrucción del salario, del consumo, de la industria y de la esperanza.

Cristina puso en palabras lo que muchos economistas tratan de esquivar: que el plan de Milei no es solo cruel, sino inviable. Que no hay economía que se sostenga sobre el hambre de las mayorías. Que la deuda, la recesión y la fuga de capitales son una bomba de tiempo que ya empezó a explotar en los barrios.

“Los bancarios tienen un lugar definitivo en mi corazón”

El gesto de hablarle directamente a La Bancaria no es menor. Se trata de uno de los pocos gremios que se mantuvieron firmes en la calle, como lo demostraron en la masiva movilización del 18 de junio en Plaza de Mayo. En tiempos donde muchos dirigentes sindicales optan por el silencio o la tibieza, el sindicato de los bancarios —con Palazzo a la cabeza— sigue siendo una trinchera del movimiento nacional. Cristina lo sabe, y lo reconoce. Porque también sabe que la única salida es colectiva y organizada.

Habla una proscripta

El solo hecho de que Cristina tenga que enviar un audio desde su prisión domiciliaria dice más que mil discursos. Su figura sigue siendo central, aunque el poder judicial y los grandes medios intenten enterrarla. La voz de Cristina se volvió símbolo de resistencia, y su silencio, cuando elige callar, es más elocuente que muchas conferencias de prensa. Pero cuando habla, sacude. Y esta vez lo hizo con una claridad dolorosa: nos están llevando al abismo.

El colapso como destino

En su mensaje, Cristina evitó caer en dramatismos innecesarios, pero dejó claro que el modelo libertario está agotado antes de cumplir un año. Las promesas de “orden” y “libertad” se chocan contra la realidad de una sociedad empobrecida, endeudada y desesperanzada. Y, como ella misma advirtió, ni los indicadores financieros ni la vida de los argentinos muestran señales de mejora. Todo lo contrario.

Un llamado a la memoria y a la acción

Cristina no pidió nada. No arengó ni llamó a movilizarse. Solo describió lo que es. Y, a su modo, lo dejó planteado: el modelo que hoy gobierna no tiene destino. El mensaje no fue para convencer a nadie, sino para recordarnos quién está del lado del pueblo y quién juega para los intereses del poder real.

Su voz, limitada a un mensaje grabado, tiene más peso que las cadenas nacionales de quienes gobiernan por decreto y a espaldas del pueblo.