El peronismo transformó a la Argentina para siempre. No solo fue un partido político: fue un movimiento, una doctrina y una filosofía de justicia social y dignidad para las mayorías. Sin embargo, junto con su nacimiento, surgió también su contracara: el antiperonismo. Un fenómeno complejo que, aunque nació en las élites, logró permear también en parte de los sectores populares.

¿Por qué existe el antiperonismo?

El antiperonismo surgió como reacción a las profundas transformaciones que el peronismo impulsó. En lo económico, el peronismo desafió los privilegios de las oligarquías y de los grandes intereses económicos, redistribuyendo la riqueza y dignificando al trabajador. Esto generó resistencias en sectores que vieron amenazados sus privilegios.

Desde lo cultural, el peronismo reivindicó a los sectores populares, dándoles voz y poder en la vida pública. La élite tradicional, que se sentía dueña de la cultura y la política, no aceptó que los “cabecitas negras” —los humildes, los trabajadores— pudieran ocupar espacios centrales en la nación. Esa reacción elitista alimentó discursos que deslegitimaban al movimiento popular.

En lo político, el peronismo construyó un poder de masas con fuerte liderazgo, lo que generó temor en las élites acostumbradas a un sistema más excluyente. Así, el antiperonismo se configuró también como una defensa de sus propios intereses y un rechazo visceral a la irrupción de las mayorías en la historia.

En lo simbólico, el peronismo instaló una mística y una narrativa que cuestionaba la hegemonía de las minorías privilegiadas. La figura de Perón y Evita, el protagonismo de los sindicatos y de los sectores humildes, y el canto de las marchas generaron un relato popular que el antiperonismo buscó contrarrestar.

¿Cómo llegó el antiperonismo a sectores populares?

Aunque nació en las élites, el antiperonismo logró permear en parte de los sectores populares por varias razones:

Operación cultural y mediática: Tras la caída de Perón en 1955, los grandes medios, el sistema educativo y ciertos intelectuales impulsaron un discurso antiperonista. Construyeron la idea de que el peronismo era “autoritarismo” o “corrupción”, generando en algunas personas la sensación de que su adhesión era “vergonzosa” o “antimoderna”.

Desencantos y frustraciones: Como todo proceso político, el peronismo no siempre pudo responder a las expectativas de todos sus seguidores. En algunos casos, sectores populares que sintieron que sus necesidades no fueron completamente atendidas encontraron en el antiperonismo una forma de expresar su desencanto.

Fragmentación social y cultural: El neoliberalismo y la crisis de las identidades colectivas debilitaron el vínculo de los sectores populares con su memoria histórica. Esto permitió que discursos antiperonistas encontraran eco en sectores desorganizados o despolitizados.

Cooptación de símbolos: Algunos partidos o dirigentes antiperonistas supieron apropiarse de retóricas de “justicia social” o “pueblo” para disputar el sentido común popular, aunque vaciadas de contenido real.

Así, aunque el peronismo sigue siendo profundamente popular, el antiperonismo logró instalarse en algunos sectores humildes gracias a la combinación de manipulación cultural, frustraciones concretas y estrategias de fragmentación.

La gran disputa de sentido

El antiperonismo no es solo un desacuerdo político. Es un rechazo a un modelo de país que desafía privilegios, que quiere dignificar al trabajador y que tiene la osadía de poner al pueblo en el centro de la historia. Por eso, sigue siendo un fenómeno clave para entender las tensiones que atraviesan la Argentina desde hace más de 70 años.

En AWQAY creemos que estas tensiones merecen ser debatidas y reflexionadas, porque solo así podremos construir un futuro que honre la justicia social y la dignidad para todos.