Hay amaneceres que no son solo luz.
Son memoria, canto, fuego antiguo que vuelve a encenderse.
Cuando el sol toca las cumbres del altiplano y derrama su primer rayo sobre la piedra sagrada de Tiwanaku, el tiempo vuelve a girar. Es el Willka Kuti, el retorno del sol. Es el comienzo de un nuevo año para los pueblos andinos. Es el 5533, pero es también todos los años al mismo tiempo.
La tierra que escucha
Allà donde el frÃo del invierno parece inmóvil, algo se mueve en silencio: los pueblos que habitan las alturas se preparan. Recogen hojas de coca, encienden las primeras fogatas, hacen ofrendas. No hay consumo, ni mercado, ni prisa. Hay espÃritu comunitario, hay Pachamama viva, hay sabidurÃa transmitida de abuelas a nietas, de sabios a pastores.
El Año Nuevo Andino, Amazónico y del Chaco no es solo una fecha. Es una forma de mirar el mundo.
Es saber que el sol, cansado de andar, se detuvo en el horizonte… y ahora, poco a poco, comienza a regresar.
Y con él, vuelve la vida. Vuelve la siembra. Vuelve la esperanza.
Desde tiempos más antiguos que el olvido
Mucho antes del Inca, mucho antes del conquistador, mucho antes del calendario gregoriano, los pueblos del altiplano ya sabÃan leer el cielo.
SabÃan que todo nace, muere y vuelve a nacer. Que el sol es padre, la tierra es madre, el agua es sangre.
Que los cerros son abuelos. Que la comunidad es el corazón.
Y por eso, hace casi seis siglos, el Inca Pachacútec instituyó en el Cusco la más grande de todas las fiestas del Tawantinsuyo: el Inti Raymi, la Fiesta del Sol.
Cada 24 de junio, el Imperio se vestÃa de danza, oro y poesÃa.
La ciudad se transformaba en altar, y el sol era celebrado como lo que es: fuente de todo lo que respira.
Resistencias del tiempo
El Inti Raymi fue prohibido por la espada y la cruz. El Willka Kuti fue silenciado por el desprecio colonial.
Pero la memoria no muere.
Hoy, cada 21 de junio en Tiwanaku, y cada 24 en el Cusco, las voces que fueron calladas por siglos se levantan otra vez.
El pueblo aymara dice que el sol vuelve a nacer.
Pero también vuelve a nacer la dignidad de los pueblos.
Cada fuego encendido al amanecer es un acto polÃtico, una declaración espiritual, una herida sanada.
Porque donde hubo represión, hoy hay ceremonia.
Porque donde hubo olvido, hoy hay identidad.
Tiempo circular, pueblo eterno
Los pueblos andinos no piensan el tiempo como lÃnea, sino como cÃrculo.
Todo lo que fue, vuelve. Todo lo que se da, regresa. Todo lo que florece, se transforma.
Y asà vivimos este nuevo año: no como un número, sino como un ciclo que empieza desde la raÃz.
Una rueda que gira con el corazón de los pueblos, con la música de los sikus, con los pies descalzos sobre la tierra que escucha.
El Willka Kuti 5533 y el Inti Raymi 595 no son espectáculos.
Son puentes entre el presente y el origen. Son mapas del alma de América.

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