Por AWQAY
Hubo un tiempo en que decir “Ejército” era sinónimo de muerte. De botas y de sangre. De dictaduras, desapariciones y fusilamientos. La historia argentina está marcada a fuego por esa imagen. Pero, ¿y si ya no alcanza con el repudio? ¿Y si lo que falta ahora es una estrategia? ¿Y si es momento de disputar lo que nunca nos dejaron tocar?
Se acabó el odio a los milicos. No porque se les perdone, sino porque el odio solo no construye. Porque mientras nosotros les tenemos bronca, ellos siguen armándose, entrenando, bajando línea. Mientras nosotros miramos para otro lado, la derecha avanza y coloniza las fuerzas armadas como si fueran suyas.
Pero el General era Perón. Y era militar. No fue casual. Perón conocía el poder real del Estado. Sabía que sin Ejército no hay Nación. Que sin defensa no hay soberanía. Que sin cuadros propios en los cuarteles, el pueblo está siempre en riesgo.
No podemos seguir renunciando al derecho a tener un Ejército propio.
Y no hablamos de un ejército cualquiera. Hablamos del Ejército de Belgrano, que repartía su sueldo entre los soldados pobres. El de Güemes, que se llenó de gauchos. El de Juana Azurduy, que hizo temblar al Imperio con indios, negros y mujeres al frente. Hablamos del Ejército de los esclavos libertos. Del Ejército de los pueblos originarios. Y sí: del Ejército del General Perón. Porque hubo un tiempo en que el uniforme no era enemigo del pueblo, sino herramienta de liberación nacional.
Ya no alcanza con tener diputados. Ni intendentes. Ni incluso un presidente. Porque si el Ejército no es del pueblo, termina siendo de los ricos. O de los yanquis. Y lo vimos mil veces: contra Bolivia, contra Venezuela, contra Cuba, contra nosotros mismos.
Hay que decirlo sin miedo: hace falta militancia peronista en el Ejército. Hay que formar pibes y pibas con conciencia nacional. Con amor al pueblo. Con lealtad a la Patria. Compañeros que elijan entrar a los liceos militares, a las escuelas de oficiales, no para ser parte de la represión, sino para ser parte de la defensa de un proyecto nacional.
¿O acaso vamos a regalar el monopolio de las armas para siempre? ¿Vamos a dejar que los únicos que se entrenen en defensa nacional sean los hijos del poder? ¿Vamos a mirar desde afuera mientras arman nuevas doctrinas de seguridad contra el pueblo?
Nos educaron para desconfiar del Ejército. Con razón. Pero la verdadera inteligencia política no es evitar el conflicto, sino ir a disputar ahí donde se define el poder. Y hoy el poder también se juega en los cuarteles.
No se trata de romantizar nada. Se trata de pensar en serio el futuro. De construir el Ejército de la Patria Justa. El Ejército del Pueblo. El Ejército de San Martín, de Belgrano, de Azurduy, de Güemes, de los negros y los indios, del General Perón.
Porque ya lo dijo Evita: donde hay una necesidad, nace un derecho. Y hoy la necesidad es clara: hace falta un Ejército peronista.

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