Por AWQAY

Mientras el gobierno cierra ministerios, despide científicos y desfinancia universidades, en los márgenes crece otra forma de hacer tecnología. Una que no busca el lucro sino la autonomía, la cooperación y el bien común. Lejos de Silicon Valley y de los monopolios digitales, en la Argentina florecen iniciativas de tecnología popular y libre.

Uno de los ejemplos más potentes es el trabajo de la Red Comunitaria Atalaya Sur, en la Ciudad de Buenos Aires, donde vecinos y técnicos autogestivos instalaron una red de internet comunitaria para garantizar conectividad en barrios populares. No es caridad ni filantropía: es tecnología con justicia social.

“El acceso a internet hoy es un derecho básico. Por eso lo construimos con nuestras propias manos, con software libre y organización comunitaria”, explican desde la red, que funciona con servidores propios y conexión cooperativa.

Experiencias similares empiezan a replicarse en provincias como Córdoba, Mendoza y también en el NOA. En Tucumán, estudiantes avanzados de ingeniería y colectivos de cultura libre preparan un proyecto para implementar una red comunitaria piloto en un barrio del oeste capitalino. La iniciativa se encuentra en etapa de planificación y busca financiamiento a través de universidades públicas y donaciones solidarias.

Pero el futuro no se juega solo en la infraestructura: también en los contenidos y las herramientas. El auge del software libre, el uso de plataformas descentralizadas y la promoción del conocimiento abierto son parte de un nuevo paradigma. Uno que desarma el sentido común neoliberal que reduce la tecnología a consumo y eficiencia.

En paralelo, colectivos como LibreBase y Datos Conurbano impulsan talleres populares de alfabetización digital, programación básica y soberanía tecnológica, especialmente en sectores postergados.

“Nos quieren consumidores de TikTok y Reels, no productores de saber. Por eso apostamos a la formación tecnológica desde el pueblo, para el pueblo”, afirman desde las organizaciones.

El ajuste no detiene la imaginación popular. En los márgenes, en los barrios, en las redes libres, se ensaya otro futuro posible: tecnología con justicia social, conocimiento como derecho, internet como herramienta de liberación.