Esa fue la consigna de una marcha piquetera histórica, por primera vez todos los sectores que organizan a los de abajo, emplearon la unidad de acción y realizaron más de 500 cortes a lo largo del país.



Por Leonardo Ganzburg

En ese sentido, ni el protocolo anti piquetes, ni el intento por deshuesar a las organizaciones sociales a través de la eliminación del Potenciar Trabajo, hizo claudicar a un pueblo organizado que supo limar ciertas asperezas, para que la lucha contra el hambre sea una sola y con la mayor fuerza posible.

A su vez, el gobierno monto un show represivo utilizando a las fuerzas de seguridad federales y de la Ciudad de Buenos Aires, para en teoría tratar de evitar los cortes. Sin embargo, los cortes existieron, de un lado cortaban los piqueteros y del otro extremo las fuerzas represivas. Un papelón más, del protocolo que solo sirve para ejercer violencia institucional sin cumplir jamás su objetivo. Golpearon a manifestantes y periodistas, hubo detenciones por usar el derecho a protestar. Mucha libertad no existe.

Por su parte, la crisis económica está desbordada, el costo de vida se volvió muy elevado. Los alimentos con un valor que roza lo ridículo por lo exagerado de los precios, sumado a los tarifazos excesivos. El poder adquisitivo de la clase trabajadora en la Argentina, está en vía de extinción. Pero si como estas variantes de ajuste no fueran suficientes, el gobierno decidió que el Estado no debe estar presente, entonces suspendió las partidas de alimentos para comedores y merenderos comunitarios, al mismo tiempo que intenta acabar con la comunidad organizada en los barrios populares y pueblitos, donde el trabajo comunitario y solidario es el que devuelve un poco de dignidad a los olvidados. 

Es así, como el conjunto de las organizaciones sociales, peronistas, de izquierda e independientes, entendieron que el camino es la unidad del campo popular. Pueden existir un sin número de diferencias, pero cuando el enemigo es el hambre, a la batalla la tienen que pelear en unidad.

El conflicto social va en aumento en estos primeros 100 días de gobierno de Milei. La tensión y el estrés entre los trabajadores argentinos es una bomba de tiempo que en cualquier momento puede provocar un nuevo “argentinazo”, cuando el hambre aprieta, puede pasar cualquier cosa.