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Fuerzas de seguridad: el terror de las calles


La inseguridad está latente en todos lados, parece que se incrementa día a día. Uno escucha los medios de comunicación o abre las redes sociales y se encuentra con la noticia de que robaron o mataron a alguien, que hay gente desaparecida o que una mujer fue violada. Lo más grave es que en muchos de esos casos hay un policía implicado.

La pandemia está haciendo estragos en el mundo, millones de trabajadores perdieron sus empleos a lo largo y a lo ancho del planeta y por supuesto nosotros no somos la excepción. Esta inmensa crisis está produciendo que los delitos comunes se incrementen por un plato de comida.

Todo esto nos pone en un crisol de incertidumbres, pero también nos da la claridad de pensar que necesitamos un sistema de protección civil diferente.

En ese sentido, es intolerable que miembros de las fuerzas policiales cometan hechos delictivos, ya hubo asesinatos, intento y ejecución de desaparición de personas, innumerables quejas de soborno en las calles, incluso robos cometidos por uniformados.

Estamos transitando un contexto histórico sensible, traumático para muchos, y sobre todo agotador. Hay demasiados problemas y preocupaciones en la sociedad, esto se agrava con el aumento de presencia de las fuerzas de seguridad en el territorio. Es inaceptable que la gente le tenga tanto o aún más miedo a un policía que al mismísimo demonio.

Por lo tanto es momento de poner en la agenda esta problemática. Cada uno desde el sector que les toca, debe pensar de qué manera combatir la corrupción, el racismo, la discriminación y el odio dentro de las fuerzas de seguridad. Es fundamental que haya castigos ejemplificadores para los miembros de estas fuerzas que cometan algún delito o crimen tengan el rango que sea.

Es hora de replantear un sistema de social con otros valores humanos para que la organización colectiva nos de seguridad y no usar el aparato represivo del estado. Uno que generé conciencia social en sus miembros, que sean formados con contenidos humanitarios, que se conformen verdaderos sujetos e individuos con principios éticos y morales de cambio social.

La policía, la gendarmería, el ejército y todas las fuerzas represivas estuvieron al servicio de los intereses de las clases dominantes, puesto que son el brazo armado de los intereses políticos y económicos hegemónicos.

Por todo esto exigimos ¡Verdad y justicia! Para las víctimas del aparato represivo.

¡Basta de imponer por la fuerza! El mensaje del campo popular es claro: ¡NUNCA MÁS!

NOA PARA EL CAMBIO SOCIAL: ORGANIZACIONES DE BASE

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