Desde la prensa inquisidora, alertaron a la sociedad e impusieron el miedo, sin embargo el problema social que implica el uso de estupefacientes, nada tiene que ver con esta aparición. El “creepy” es una sepa de cannabis diferente a la que se vende habitualmente, posee un 20% de THC, doblando así, la potencia psicoactiva de la marihuana conocida como “prensado”. Además su flor está menos alterada por las condiciones de como se cosecha y se guarda. Esto significa que la “nueva droga”, causa menos daño al organismo aunque su efecto psicoactivo sea superior y más prolongado.
En ese sentido, es necesario explicar que en los bancos de semillas que comercializan distintas especies de cannabis, en aquellos lugares donde el consumo es legal, se puede encontrar el “creepy” dentro de su catálogo, pero con el nombre de “kryptonita”. A su vez, cabe resaltar que la planta de cannabis tiene propiedades curativas asombrosas, las cuales se están estudiando a lo largo del mundo, incluida Argentina. Por lo tanto, es necesario que se ponga en agenda la despenalización y el auto cultivo, a la vez que se termine con la estigmatización de una planta que puede mejorar la calidad de vida de miles de personas.
Por otra parte, el infierno que viven muchas familias, sobre todo en los barrios populares debido al excesivo consumo de estupefacientes se intensificó. La pandemia provocó que las sustancias aumenten considerablemente su precio. Esto provocó serias dificultades para que los pibes puedan adquirir sus dosis. Afectando gravemente, sobre todo a los adictos al paco y a la cocaína.
Los elevados precios, sumado a la escases de la droga, debido al cierre de las fronteras, desencadenó un predecible panorama oscuro. La abstinencia trajo consigo numerosos casos de intentos de suicidio, paranoia, ataques de pánicos y demás patologías psiquiátricas, que el estado no tenía contempladas y tampoco hizo algo para contener esta desesperante situación.
Desde el Estado sólo se persigue, se hostiga, se priva de libertad o simplemente abandonan a su suerte a los adictos. No existen instituciones interdisciplinarias para contenerlos, se los trata como delincuentes y no como lo que realmente son, enfermos.
Los que militamos los barrios, los actores políticos y sociales, que convivimos con esta problemática, somos testigos de cómo día a día, jóvenes pierden sus esperanzas y se escapan a través de alguna sustancia. Varios tratan de buscar alternativas, pero las oportunidades son escasas, algunos zafan y otros se vuelven a encerrar en esa oscura realidad.
El consumo de droga debe ser una política Salud Pública y social, a los adictos no se los encarcela, no se los ningunea, no se los abandona. A los adictos hay que recuperarlos, reinsertarlos en la sociedad y apoyarlos. Es urgente la creación de más centros de recuperación, de contención, donde se formen oficios y se brinde una oportunidad de salida. También se necesita campañas informativas para que la sociedad entienda que una persona adicta se puede recuperar y no se las estigmatice. Si a la rehabilitación. No a la cárcel.

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